Como  desarrollar la objetividad en la toma de decisiones

En el dinámico escenario empresarial, la toma de decisiones es una constante en la dirección y la gestión del negocio; desde aquellas simples y cotidianas hasta las trascendentales que delinean el futuro de la empresa. La inquietud de quienes asumen este rol recae en la calidad del proceso  y sus posibles resultados  ¿se lleva a cabo de manera adecuada, respaldada por información fidedigna y libre de subjetividades?

La pregunta fundamental es si se debe renunciar a la intuición y al “feeling”. ¿Es una mala práctica definir el rumbo basándose en corazonadas o simplemente en la lógica? Las posturas son diversas; algunos abogan por procesos racionales y analíticos, mientras que otros prefieren flexibilidad, intuición y decisiones más ligeras, no hay una fórmula única para la toma de decisiones, circunstancias, urgencia, información disponible, estilo y aversión al riesgo son solo algunos factores que pueden inclinar la balanza en una dirección u otra, dependiendo de la situación.

La elección entre un enfoque analítico o intuitivo es una situación muy compleja,  de carácter individual, situacional y de preferencia personal. En muchos casos, la combinación de ambos enfoques en un proceso demuestra ser la estrategia efectiva, permitiendo adaptarse a diversas circunstancias.

Sin embargo, es crucial evitar la “parálisis por análisis”. Ocurre al no tomar decisiones por seguir un proceso complejo en situaciones simples o ceder ante la inseguridad en busca de total certeza. Recordemos que no tomar decisiones también tiene sus riesgos, igualmente peligroso es decidir a la ligera, sin comprender las repercusiones, debido a la falta de tiempo, interés o simplemente para salir del paso.

La conclusión es clara,  los extremos no son saludables en la toma de decisiones se puede ser analítico pero sin perseguir la perfección metodológica, pero igual seguir la experiencia y el pensamiento rápido en otras sin caer en la ligereza o confiar en posibilidades,  ambas formas pueden funcionar, pero hay que tratar de identificar en que tipo de  circunstancias. En un mismo día, una persona puede ejercer su poder de decisión con ambas perspectivas, sujeto a diversos factores, cambios y, quizás, un toque de suerte (aunque depender de ella no es recomendable).

La toma de decisiones en el ámbito directivo es un tema de suma importancia, ya que la remuneración de un Director se ve directamente vinculada al tipo de decisiones que toma y al impacto que estas generan en la organización. Este proceso, inherentemente ligado al éxito o fracaso de la empresa, requiere una gestión consciente y equilibrada del riesgo, evitando caer en la temeridad compulsiva o en la parálisis de una prudencia excesiva.

Independientemente de la modalidad utilizada para llegar a una decisión, es esencial tener en cuenta el factor tiempo, la objetividad también se dá en la oportunidad de la toma de decisión y proyectar la secuencia de resultados o avances esperados; esto porque nada ocurre de manera mágica o fortuita en el mundo de la toma de decisiones. Además, es crucial reconocer que toda decisión, por más pequeña que sea, conlleva efectos colaterales y tiene su precio, aunque este sea ínfimo o imperceptible. En este proceso, la perfección rara vez es alcanzada, pero el aprendizaje siempre está presente, incluso en las soluciones que parecen fallidas.

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